¿Vacunas o Aguas de Lourdes? Sanando a sanos


Un simple cambio de definición es lo que provoca la aparición o erradicación de epidemias, pandemias, “brotes”, enfermedades, etc…

Antes de la aparición de las vacunas y los análisis serológicos o virológicos, los diagnósticos de las enfermedades infecciosas se basaban exclusivamente en el cuadro clínico del paciente (síntomas). Así cualquier cuadro pustular/vesicular era “viruela”, los cuadros eruptivos eran “sarampión”, las parálisis flácidas eran “polio”, etc.

Por eso cuando se mencionan las epidemias del pasado, en realidad cada epidemia metía enfermedades diversas con síntomas parecidos en un mismo saco y bajo un mismo nombre.

Mas tarde se postularon etiologías únicas para cada epidemia: Variola se le llamó a la “viruela”, paramixovirus al “sarampión” y poliovirus para la “polio”. Obviamente no todas las enfermedades pustulares/vesiculares que se diagnosticaban como “viruela” eran causadas por variola (lo mismo es válido para el sarampión o la polio) porque no había forma de distinguir las etiologías. Quedaba abierta la via a redefiniciones más restrictivas de las enfermedades condicionadas a la presencia de estos supuestos patógenos, pero eso sí – y esto es lo importante – sin cambiarles el nombre.

Un juez ordena a 35 niños que se vacunen del sarampión

Posteriormente aparecen las pruebas de laboratorio diseñadas para “confirmar” los patógenos escogidos. Esto permite ignorar el grueso de las enfermedades que inicialmente formaban parte de cada epidemia. Comienza así la fase de “erradicación” que en realidad no es mas que una fase de redefinición sobre el papel que excluye a la mayoría de los enfermos.

Los criterios de confirmación cada vez más exigentes van excluyendo cada vez más y más enfermedades y enfermos de la definición original, hasta que ya solo se deja dentro la etiología que interesa, en concreto, aquella que ofrezca una reducción mayor en la incidencia aparente.

Mientras se festeja y se reparten las medallas, las enfermedades que entraban en la definición original de la epidemia, persisten sistemáticamente ignoradas en favor de la “etiología verdadera” de la nueva definición. Las víctimas sufren igual que antes, pero ahora quedan excluidas de las estadísticas  porque su enfermedad ya no cuenta en la epidemia. Solucionarlas o prevenirlas ya no le interesa a nadie, solo interesa que sigan escondidas bajo la alfombra para proclamar el “éxito” de las vacunas.

Estas son las directivas de la OMS que recogen la estrategia: Se recomienda -sin tapujos- que el paso de un diagnóstico clinico a otro que exija confirmación adicional en el laboratorio, se dé en plena “fase de eliminación”; es decir, haciendo coincidir en el tiempo el cambiazo diagnóstico y la campaña de vacunación:

http://www.who.int/immunization_monitoring/diseases/measles_surveillance/en/index.html

“…Countries are advised to use the clinical classification scheme until their programmes meet the following two criteria:

* low level of measles incidence;
* access to a proficient measles laboratory

The laboratory classification scheme should be used by countries in the low incidence or elimination phase…”

De esta forma se consigue que las campañas parezcan un éxito, funcione la vacuna o no, pues de antemano aseguramos un descenso significativo de la incidencia por el simple cambio de definición.

 

FUENTE: https://putinreloaded.wordpress.com/2012/08/17/estrategia-para-erradicar-enfermedades-sobre-el-papel-y-hacer-caja/

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