El Blog de Minín

Opinion alternativa

La Biología de las creencias v1.1

with one comment


a ciencia nos dice que los genes son los que determinan las características de cualquier animal sobre el planeta. Se ha secuenciado la base genética completa de animales como la rata, la mosca de la fruta, o el ser humano, dando a entender que modificando cualquier parte de la cadena genética de un ser vivo se puede cambiar cualquiera de sus características físicas. Es decir, si modificas los genes modificas su esencia, por lo tanto de los genes depende todo, parece que son los que mandan. Pero tal afirmación tiene un error de base, y es que los genes no tienen poder de decisión, no se pueden activar a desactivar a su propio antojo. Es como decir que el que manda en un coche es el volante, ya que es el que decide hacia donde ir. Pues aunque no lo creas ese es el dogma de la biología, algo a todas luces erróneo.
Se ha conseguido averiguar que “el volante” es el responsable de que el vehículo cambie de dirección, pero pocos investigadores se han preguntado quien está al volante. Para seguir avanzando en ciertas investigaciones científicas, es necesario tener una mente dispuesta a aceptar cualquier cosa, incluso que toda tu vida pueda ser una farsa, algo harto difícil para muchas personas.
La cuestión es que los genes son los que determinan la estatura de una persona, si tendrá propensión a padecer enfermedades, el color de sus ojos, una gran longevidad o si ni siquiera va a nacer. Parece lógico pensar que eso es causa de la herencia genética de nuestros padres, pero eso es cierto sólo en parte. Lo que realmente hace que nuestros genes cambien y sean de una manera u otra es el ENTORNO. Ahí es cuando entra en acción la epigenética (que es el estudio de los mecanismos moleculares mediante los cuales el entorno controla la actividad génica).

¿Qué son los genes? En realidad no son más que una memoria, una especie de “disco duro” donde se almacenan una serie de datos útiles para el organismo vivo. En estudios recientes se ha averiguado que a nivel celular cualquier parte de la cadena genética se puede transferir entre animales de distintas especies, con el fin de “compartir” esa útil y práctica memoria.

Esa es la buena noticia, la mala noticia es que a causa de esa misma posibilidad ya se han detectado en humanos casos de resistencia a algunos medicamentos, consecuencia directa de la modificación genética en diversos vegetales y animales.

Y es que a lo largo de nuestra vida se nos a enseñado que somos seres independientes y que estamos aislados unos de otros. Incluso hasta hace muy pocos años (y algún que otro galeno en la actualidad) se pensaba que tu pié era independiente de tu mano. Por eso cuando te dolía un pié se examinaba únicamente tu pié, sin tener en cuenta que todo tu cuerpo está unido e interconectado de una manera muy íntima. Tal y como dice Bruce Lipton en el libro que pone título a esta entrada:

Tal vez te consideres un ente individual, pero como biólogo celular puedo asegurarte que en realidad eres una comunidad cooperativa de unos cincuenta millones de ciudadanos celulares.

Vamos, que somos como una especie de hormiguero con patas.  Con los seres vivos de este planeta -plantas, humanos, animales, organismos unicelulares- aún hoy en día se tiende a pensar lo mismo, que somos seres totalmente independientes unos de otros, sin ningún tipo de conexión. Esa visión, esa perspectiva “del aislamiento” y de “la independencia” a la que nos hemos acostumbrado es FALSA, muy peligrosa y altamente destructiva para nosotros, ya que la simple creencia de que somos seres aislados, tiene un efecto inmediato y directo sobre nuestro entorno y -como más adelante veremos- sobre nosotros mismos. ¿El pensar que somos seres aislados nos puede perjudicar? La respuesta es un rotundo SI. De hecho, el simple pensamiento ya puede hacer cambiar cosas.
Voy a explicarlo mediante un analogía entre la mecánica clasicista y la mecánica cuántica, donde veremos que no es lo mismo hacer experimentos con una parte muy pequeña de materia que con mucha cantidad de materia. Por ejemplo, para hacer funcionar un motor eléctrico, aplicamos corriente a su bobina y se produce paso de electrones a través de ella, se genera un campo magnético que a su vez produce movimiento y punto y final, así se explica básicamente el funcionamiento con la física newtoniana.

Función de onda de un electrón de un atomo de hidrógeno. Un color más claro indica mayor probabilidad de encontrar la partícula en ese punto

En cambio, en física cuántica, para analizar el movimiento de las partículas es necesario analizar mucho más que ese movimiento, ya que hay que tener en cuenta muchas más variables, pasando desde el estado de las partículas, movimiento aplicado, e incluso la posición e intenciones del observador, ya que se ha constatado que un simple pensamiento o el mero hecho de observar puede hacer cambiar totalmente el resultado del experimento final. Es en este punto donde los científicos se han llevado la mayor sorpresa de todas, ya que el simple deseo de que una partícula actúe de determinada manera puede hacer que esa partícula cambie su comportamiento habitual (o al menos eso es lo que dicen las bases de la física cuántica). Cuando “no miras” los experimentos cuánticos salen de una determinada manera, de cualquier manera, son solo probabilidades. Pero cuando estás observando siempre obtienes el mismo resultado. Eso es para confundir a cualquiera, ¿No crees?.

Otro suceso extraño; Se tomaron dos partículas gemelas (se llaman así porque cuando actúas sobre una la otra reacciona de la misma manera) y las separaron mucha distancia -por ejemplo- 500 años luz. Los científicos comprobaron con estupor que en cuanto se modificaba una, la otra reaccionaba de manera instantánea a esa modificación, independientemente de la distancia que las separaran. Ese experimento parece querer decir que todo lo que nos rodea está interconectado con nosotros de una manera que apenas acertamos a sospechar.
A esa conclusión llegaron hace mucho tiempo -entre otros- personas como Jesús (si, el de la biblia), Buda y más recientemente científicos como Matsaru Emoto (investigador que escribió Los mensajes del agua), Fritjot Capra ( físico atómico que se hizo mundialmente famoso con su Tao de la física), Michael Talbot con sus propuestas de un universo holográfico o Bruce Lipton con su “Biolología de las creencias”.
Y esta es la conclusión que he sacado de la lectura de los diferentes libros que he leído (atención, que esto es muy fuerte): Lo que tu pienses, lo que todos pensemos, afecta al planeta y a todo lo que te rodea de una manera u otra. El simple pensamiento, las creencias de cada persona hace que ocurran cosas y que el mundo cambie o siga como está. A eso me refiero cuando digo que la perspectiva del “aislamiento” puede ser muy negativa para todos nosotros, puesto que hará que pensemos de manera más egoísta, sin tener en cuenta nuestro entorno. Entorno, por otra parte- que condiciona nuestro propio ser, modificando incluso nuestro propio código genético.
La pregunta es, si tengo el potencial de cambiar mi entorno solo con el pensamiento, con el mero acto de observar ¿Porqué no soy capaz?. Quizás la respuesta se encuentre en que actualmente, el occidental medio solo puede mantener la concentración sobre un pensamiento 6 u 8 segundos al minuto. Eso más bien es poca concentración si pretendes hacer algo, ¿No crees?. Y el ritmo de vida actual no suele ayudar demasiado, ya que, además hay personas interesadas en que no puedas concentrarte en nada durante demasiado tiempo (estoy recordando la equivocada respuesta de al.alba en el artículo sobre las procesiones). El fútbol, la TV, los juegos y el sexo descontrolado procuran evitar que te concentres o pienses demasiado en nada útil, ya que el fin que se persigue es emplear tus energías en cosas y actividades infructuosas que no te aportarán más que una satisfacción muy temporal, pero en cambio si obtendrás un buen mordisco a tu tiempo libre.
¿Cual es la consecuencia de todas estas distracciones? Que una vez nuestro cerebro se acostumbra a esas distracciones, comienza a funcionar respondiendo solo a los estímulos, ya que el nivel de datos que recibimos es tan brutal que solo tenemos capacidad para responder a una parte de ellos, sin apenas creación de nuevos pensamientos e ideas entrando en ese estado que yo llamo “aborregado”.
Hoy en día si quieres tener pensamiento propio y ver la realidad de la manera más ecuánime posible, no hay otra manera de hacerlo que luchar contracorriente, contra los amigos, los compañeros de trabajo, la sociedad y las líneas de pensamiento impuestas, evitando las distracciones superfluas que no te aportan nada. Según escribo estas líneas me viene insistentemente a la mente el cuento de Pinocho, en la parte en que llega a ese parque de atracciones donde no hacía más que comer golosinas hasta que se convirtió en un asno, me parece una analogía perfecta a nuestra situación actual. Estamos en el parque de atracciones y procuramos hacer todo lo posible para no salir de el, a pesar de saber que nos convertiremos en asnos.
Esto es así porque nuestra mente literalmente crea nuestro cuerpo, todo comienza en la célula -el ser inteligente más diminuto- pero ¿Quien les da esa orden a las células? Lo hace mediante procesos químicos la red neuronal de nuestro cerebro, que se basa en las experiencias y en la información que hemos almacenado.

¿Y como podemos cambiarnos a nosotros mismos? Usamos una determinada parte de esa red neuronal para solucionar los problemas en nuestra vida, que hace que la química se produzca. Así que para cambiar la química tendríamos que cambiar la configuración de la red neuronal, pero eso significa que tendríamos que cambiar nuestra identidad, lo cual significa que tendríamos que cambiar nuestra actitud o la manera en que interaccionamos con nuestro entorno. Cada vez que seguimos siendo la misma persona y seguimos experimentando las mismas actitudes lo único que estamos haciendo es reafirmarnos a nosotros mismos como nuestra identidad.
Probablemente lo has pasado mal en algún momento de tu vida en el pasado, todos lo hemos sufrido. Cuando sufres, tu vida mental empieza a estar dominada por el dolor y todo lo que percibes está coloreado por el dolor, por lo tanto cada manera en que reaccionas y las cosas que haces se relacionan siempre con el dolor que sientes.
Ahora que ya tenemos una serie de conclusiones vamos a sumar 2+2. Si el cerebro es el que crea nuestra realidad y es capaz de modificar físicamente nuestro cuerpo, la conclusión obvia es que la gran mayoría de enfermedades graves son autoinmunes, es decir, las creamos nosotros mismos. Es lo que opino de gran parte de tumores y cánceres de la actualidad.

Si no crees que pueda ser así no tienes más que recordar una de las enfermedades más comunes creada por nuestro propio cerebro: El infarto de miocardio. El infarto  es una enfermedad neuronal, pero con consecuencias físicas terribles en nuestro corazón ya que el estrés (su principal causante) no es más que una actitud, una forma de comportarse. Por lo tanto sufrimos ataques de corazón a causa de nuestra actitud ante la vida.
Las últimas investigaciones han descubierto que los sentimientos, no son otra cosa que pura química. Con cada sentimiento el hipotálamo libera en nuestro cerebro ciertas cadenas de proteínas (aminoácidos) llamados neuropéptidos, sustancias aún más potentes que cualquier droga conocida. Esos neuropéptidos son los que -una vez liberados en el torrente sanguíneo- se acoplan a las células y hacen que actúen de una u otra manera, provocando la sensación de hambre, el deseo sexual, amor, tristeza, felicidad, etc…
Pues bien, si estás bombardeando la célula con la misma actitud y la misma química una y otra vez diariamente, cuando esa célula finalmente decide dividirse, esa célula hermana o hija tendrá más sitios receptores para esos neuropéptidos emocionales en particular y menos sitios receptores para las vitaminas, minerales o nutrientes esenciales para su supervivencia, limitando incluso la capacidad de eliminar toxinas. Conclusión, serás lo que quieras ser, ya que según tus pensamientos o creencias -y no me refiero a la religión- sean de una manera u otra, tus 50 millones de células tendrán un comportamiento u otro, comportamiento que transmitirán cuando al fin se dividan.
En esta sociedad estamos hipnotizados por los medios, la televisión, prensa, la gente que vive y crea (falsos) ideales que todos luchamos por imitar, pero nadie puede llegar a ser “el ideal”, hablando de términos de apariencia física, belleza y valor. Más que nada porque tarde o temprano vamos a envejecer y eso es algo inevitable. A causa de esto la mayoría se rinde y vive su vida en la mediocridad, viviendo esa vida sin que sus verdaderos deseos suban a la superficie, para saber lo que realmente quisieras ser. Aunque si esos deseos llegan a aflorar a la superficie -como es tu caso, puesto que estás leyendo esto- y te preguntas si hay algo más, o porqué estás aquí, o cual es el propósito de tu vida, o hacia donde se dirige, o que ocurre cuando mueres, tendrás que pasar antes -si no lo has hecho ya- por una época perturbadora donde debes romper todos los moldes y creencias inculcadas desde que eras un bebé, una época de caos donde tendrás que renunciar a la comodidad de aceptar los dogmas establecidos, pero donde a cambio obtendrás la seguridad y el verdadero estado del bienestar al sentirte dueño de tu propio ser, sin ignorancias ni adicciones esclavizadoras, con una visión mucho más *real* de lo que es la vida.
El la película/documental ¿Y tu que sabes? el Dr. Joshep Dispenza dice que llegado al punto del caos mental entramos en un territorio nuevo en nuestro cerebro y por eso mismo estamos creando nuevas conexiones sinápticas, literalmente reconectando nuestro cerebro a un concepto nuevo que, en última instancia nos cambia de adentro para afuera. Si cambias tu idea de la vida, ¿Cambiarás tus decisiones habituales? Si cambio mis decisiones, ¿Cambiará mi vida?  ¿Porqué no puedo cambiar? ¿A qué soy adicto? ¿Perderé a lo que estoy químicamente apegado? ¿Y qué persona, lugar, cosa, momento o suceso al que soy químicamente adicto y que no quiero perder porque puede que deba experimentar la abstinencia química de eso?
Curiosamente lo de los apegos es muy parecido a lo que escuché cuando hice el curso de Vipassana en Palencia, la diferencia es que en el caso del documental las palabras provienen de un reputado neurobiólogo y en el curso de Vipassana las palabras provenían del mismísimo Buda. Dos caminos diferentes conducen al mismo lugar, curioso.
El Dios que nos vende cualquier religión no existe, todo es fruto de una monumental equivocación acumulada de siglo en siglo. No hay nadie “allá arriba” llevando un registro de lo que haces bien y lo que no, puesto que la única persona que sabe realmente lo que haces y lo que no, eres tu. Por lo tanto cualquier persona que emprende el camino del conocimiento será absolutamente impecable en todo lo que hace y no por el miedo a ir al infierno ni por el castigo de un Dios todopoderoso, si no porque la persona con una visión cabal de las cosas verá que cada acción tiene una reacción con la que tendrá que lidiar más adelante. Y si soy prudente, no haré cosas que me obligarán a tener que enfrentarlas y resolverlas para equilibrarlas más tarde en mi conciencia. Tu eres Dios, simplemente debes aprender a comunicarte y entenderte contigo mismo.
Y no te preocupes por cambiar, ya que simplemente con haber leído y asimilado este texto tu memoria ha comenzado los procesos químicos y establecido las nuevas conexiones sinápticas que producirán más adelante el cambio de pensamiento en tu cuerpo (Eric Kandel, premio novel de medicina y ciencia del año 2000 verificó que solo el hecho de recordar es capaz de poner en marcha las reacciones químicas adecuadas en el cerebro).

ENLACES:

Pagina  en España de Vipassana

Documentales con conciencia

Anuncios

Written by Mino

26/04/2010 a 01:17

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. […] Pues en la práctica las cosas no son tan sencillas. Las hiervas no deseadas se van haciendo más y más resistentes al glifosato, puesto que se van adaptando al entorno, modificando su propia genética de tal manera que cada vez hay que subir más y más la dosis de pesticida, hasta que al agricultor ya no le sale tan barato y la tierra acaba con unas cantidades intolerables de pesticida, contaminando cultivos, suelos, aguas subterráneas y ríos. Cuando digo que las malas hiervas modifican su genética hablo de un periodo muy corto de tiempo en términos evolutivos, de 10 ó 15 años (para más información sobre los genes consulta el artículo “La Biología de las Creencias“). […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: