El Blog de Minín

Opinion alternativa

Sexualidad neurotica, por Ben

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Sexualidad neurótica
Vivimos en una sociedad obsesionada por el sexo.
Encendemos la tele y nos bombardean con sexo. Caminamos por la calle y nos cruzamos con reclamos sexuales a cada paso: una chica en lencería por aquí, otra chupándose el dedo sensualmente por allá, un chico luciendo abdominales un poco más adelante, una chica caminando por la acera con minifalda cinturón y escote panorámico… Participamos en una conversación y no faltan las bromas y los guiños picantes. Sexo, sexo y más sexo; sexo por todas partes.
Como lo resumió un amigo: «Hoy lo más valorado es el sexo. El dinero se valora incluso menos, solo como un medio para conseguir sexo». El sexo es el gran ídolo. Se nos dice que el origen de todos los males es la represión sexual y que la solución es el sexo sin límites. Pero como todos los ídolos, el sexo también es falso y, al final, no cumple sus promesas. Dejando a un lado la propaganda esclavizadora, sabemos que las relaciones sexuales no nos aportan una satisfacción verdadera. Como mucho pueden proporcionarnos un subidón momentáneo, pero poco más.
La cultura del sexo recreativo nos cosifica. Nos enseña a vernos como simples objetos, simples mercancías en el mercado sexual. Nos enseña que nuestros valores, ideas y sentimientos son secundarios. No importa que seamos seres humanos únicos e irrepetibles, al revés, cuando más nos parezcamos a los arquetipos mejor. El cine, la televisión, la prensa, la publicidad… nos ofrecen los modelos a imitar; por ejemplo, ahí tenemos a Angelina Jolie, Scarlett Johanson, Jessica Alba y Megan Fox para elllas, y a Brad Pitt, George Clooney, David Beckham y Tom Cruise para ellos. El físico es lo que cuenta, el resto es accesorio.
En realidad, el otro, la pareja sexual, no nos interesa como persona, sino como consolador viviente. Simplemente queremos que esa persona nos proporcione un rato de placer, y esa persona quiere lo mismo de nosotros. Nos usamos mutuamente, usamos el cuerpo del otro, y luego nos deshacemos del resto de la persona. «Estuvo bien.» «Sí.» «Hasta luego.» «Adiós.»
Además, el tipo de cuerpo que valora la cultura dominante es joven y delgado; el resto es mercancía de calidad inferior. Así que empezamos a sentirnos acomplejados porque basamos nuestra autoestima en el precio que ponen a nuestro cuerpo en el mercado del sexo.
Lo curioso es que, en realidad, cada vez disfrutamos menos del sexo. Cada vez necesitamos más y más sexo para tener algo de placer, para sentirnos bien solo por unos instantes mientras en el fondo seguimos igual de vacíos, incluso más. Cada vez hay más problemas de impotencia, frigidez y eyaculación precoz. ¿Qué está pasando? Se supone que después de tanta práctica deberíamos ser los seres humanos más felices y los mejores atletas sexuales de la historia. Y sin embargo, la realidad es dura y obstinada, somos unos pobres infelices cada vez peores en la cama.
Como bien explicó Viktor E. Frankl:

  • Cuanto más convirtamos la sexualidad en finalidad, tanto más difícil será que la alcancemos. Cuanto más preocupado se halla un paciente por su potencia sexual, tanto más probable es que se convierta en impotente; cuanto más intente una paciente demostrarse a sí misma que es capaz de experimentar plenamente el orgasmo, tanto más probable es que incurra en frigidez. La mayoría de los casos de neurosis sexual con los que me he encontrado en mis muchos decenios de práctica pueden ser fácilmente referidos a tal estado de cosas.

No valoramos nuestras ideas ni valores, lo que más nos preocupa es resultar atractivos físicamente. Así que nos sentimos acomplejados y nos volvemos adictos al deporte neurótico, a la dieta, a la cirugía estética… Y despreciamos lo que no es joven. No queremos envejecer e intentamos disimularlo por todos los medios. ¡Qué grotesco resulta ver a una cincuentona vestirse como una adolescente calenturienta!

Recuerdo algo que cuenta el dalái lama en uno de sus libros:

  • Muchas personas son viejas físicamente pero intentan aparentar que son jóvenes. A veces, cuando me encuentro con amigos a los que conozco desde mucho, como ciertos senadores de países como Estados Unidos, les saludo diciendo: «Mi viejo amigo», queriendo decir que nos conocemos desde hace mucho, no necesariamente que sean viejos en lo físico. Pero cuando lo dijo, algunos me corrigen con énfasis: «¡No somos viejos! Somos amigos desde hace mucho». En realidad, sí son viejos —con pelos en las orejas, un signo de vejez—, pero se encuentran incómodos siendo viejos. ¡Qué estupidez! 1

El sistema nos dice que el sexo recreativo es la llave de la felicidad, pero todos sabemos que no es cierto. Tenemos sexo recreativo y no somos felices. Nos  suicidamos, tomamos antidepresivos, nos tragamos horas de televisión basura…
Me doy un paseo por la web y encuentro un testimonio típico de una mujer de 25 años: «Después de una buena noche de sexo, me despierto al día siguiente atontada y sin ganas de hacer nada, a veces incluso triste. Me parece muy contradictorio y no sé por qué me pasa».
No se trata de algo novedoso, existe una oración latina que expresa bellamente la situación: «Post coitum omne animal triste est», lo que vendría a significar: «Después del coito, todos los animales se quedan tristes».
Hoy en día, el establishment médico, al servicio de los grandes banqueros y empresarios, ya le ha puesto nombre al fenómeno: tristeza poscoital. Y ahora que está etiquetado, los sacerdotes de la psiquiatría pueden vendernos sus pastillas adormecedoras o intentar convencernos de que la tristeza poscoital no es para tanto. Pero ¿de qué se trata realmente?.
Vuelvo a la web y encuentro otro comentario esclarecedor: «Llevo seis meses con un chico. Recientemente he empezado a tener relaciones con él. Desde hace un mes me siento rara. La primera vez que estuve con él me sentí triste porque yo le dije que me estaba enamorando de él y él, sin embargo, me dijo que no me enamorara. Quedé en no hablar del asunto y, después de ese día, me sentí mal y lloré».
Mmm… parece que se va aclarando el panorama, ¿verdad?
En otro foro, una mujer dice lo siguiente: «El sexo tiene que ver con conectar con alguien, y aunque la dopamina que recorre tu cuerpo te hace sentir genial mientras tienes sexo, es posible que después aparezca en escena la realidad. Puedes sentirte asustado o nervioso acerca del compromiso, así que podrías querer estar solo o distanciarte emocional (o incluso físicamente) de la persona con la que acabas de estar».

Nuestro paseo por la web ha sido fructífero y nos ha puesto sobre la pista correcta. Ahora me gustaría mencionar otro fenómeno relacionado con la sexualidad neurótica; Aunque intentan convencernos de que hombres y mujeres somos iguales en el sentido de que no hay diferencias entre nosotros, cualquier persona con un mínimo de inteligencia sabe que es mentira, tan falso como que el sexo es la panacea universal.
Un argumento más sofisticado reconoce que si bien existen diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres, éstas no se basan en la biología, sino que han sido modeladas por las sociedades machistas a lo largo de la historia. Podría sonar bonito si no fuera porque, en el reino animal, el resto de mamíferos machos y hembras también se comportan de manera diferente.
Es verdad que hombres y mujeres somos iguales en el sentido de que todos somos seres humanos únicos e irrepetibles, pero no es cierto que no haya diferencias entre nosotros.
Por ejemplo, y aunque haya mujeres que la compartan, buscar la felicidad a través del sexo recreativo es una actitud claramente masculina. En palabras del Talmud: «Ve y aprende del mercado de las prostitutas: ¿Quién contrata a quién?» (Ketubot 64b).
Así que hagamos caso al Talmud y vayamos al mercado a ver si podemos aprender algo. Entro en un sitio web de anuncios sexuales y descubro que en la provincia en la que vivo, Asturias, se anuncian 125 prostitutas mujeres, 26 prostitutas transexuales y siete prostitutos hombres. Así que, como casi todo el mundo sabe, en el mercado de la prostitución son ellas las que se venden y ellos los que pagan, y en la vida cotidiana sucede algo similar: ellos salen a cazar y ellas les incitan.
Lejos de enseñarnos a manejar saludablemente nuestros instintos naturales, la cultura dominante, al servicio de la oligarquía financiera, nos educa a los hombres para convertirnos en depredadores sexuales y a las mujeres para que os convirtáis en presas fáciles que dicen: «Cómeme». De hecho, la cultura dominante ha ido un paso más allá y ahora también intenta convertir a las mujeres en depredadoras, es decir, está intentando implantar en ellas la actitud sexual neurótica de ellos.
Para aclarar este punto, resumamos el guión de un simpático juego online dirigido a chicos y chicas de quince años, publicado por Cruz Roja Juventud y financiado nada más ni nada menos que por el Ministerio de Educación del Gobierno de España.
El juego se llama Vidhas. Al protagonista, un adolescente de sexo indeterminado, le invitan a una fiesta y le piden que recoja rápidamente las cosas más importantes para llevarse a la party. Por supuesto, lo más importante, según el juego, son los preservativos. En la fiesta aparece un personaje llamado Omar y se presenta: «Tengo 15 años. Mi vida son los amigos y amigas y los viajes». Entonces, el juego anima al protagonista: «Quizá queráis conoceros un poco más». Y claro está, en este mundo de adoctrinamiento esclavizador, conocerse más significa tener sexo con la otra persona. Esta es la clase de relaciones que fomenta el sistema.
Y ¿dónde nos deja esta instructiva búsqueda de la felicidad a través del sexo recreativo? Pues en la tristeza poscoital, es decir, en la insatisfacción existencial. ¿Por qué? Porque en realidad, como bien apuntó aquella mujer en el foro de internet, el sexo es mucho más que un subidón de dopamina, tiene que ver con «conectar con alguien». Pero no esperes que nuestros benévolos dirigentes te lo expliquen. No les interesa. Más adelante veremos por qué. Podríamos terminar la sección con un poema de Saigyô (1118-1190) que retrata maravillosamente el fenómeno de la tristeza poscoital:
Por la mañana, las hojas enmudecen.
Al final, el viento se ha calmado,
como los amantes después de la noche,
sin más que decirse, con el corazón roto.

Más dinero… es la guerra
(Empiezo con un comentario sobre el asunto de la finalidad individual del dinero utilizando como ilustración Canción de Navidad de Dickens; ver Los fantasmas atacan al jefe).
En mi vida cotidiana no he conocido a muchas personas que hayan convertido al dinero en su finalidad en la vida; la mayoría se contenta simplemente con pagar la hipoteca y llegar a fin de mes. Podríamos pensar que el dinero ya no motiva tanto como antes, pero estaríamos equivocados, simplemente se ha producido un cambio de mentalidad.
Muchas personas van a trabajar simplemente para llegar a fin de mes, para sobrevivir, pero cuando les preguntas para qué quieren llegar a fin de mes, para qué quieren sobrevivir, no saben qué contestar. Hay personas que se han acomodado a cierto nivel de vida a cambio de dedicar más tiempo y energía en el trabajo.
Por ejemplo, conocí a un publicista de Madrid que un día se dio cuenta de que sí, de que tenía una buena casa y un buen coche, de que vestía ropa cara y comía en sitios de moda, pero que, en realidad, se había quedado sin vida. Apenas tenía tiempo para pasar con su mujer y con sus hijos, no podía desconectar de su trabajo y vivía estresado, y había vendido su alma al diablo: se ganaba la vida creando falsas necesidades, esclavizando la gente al sistema. Así que abandonó su trabajo, vendió su casa en Madrid y se trasladó a un pequeño pueblo donde abrió una tienda de comercio justo. Además también se preocupó de fomentar entre sus vecinos una visión alternativa.
También conocí en Barcelona a una mujer que tenía un puesto de responsabilidad en una gran compañía de telecomunicaciones. Ganaba bastante dinero, se podía pagar un bonito piso y era respetada en su trabajo, pero no tenía tiempo libre ni para comer con las personas a las que apreciaba. Su vida era levantarse, ir al trabajo y regresar de noche a casa para irse directa a la cama; así un día tras otro. Un día, esta mujer despertó. Decidió que aquello no era vida y dejó aquel trabajo. Luego conoció a un hombre, inició un relación de pareja y se fue a vivir con él.
En Asturias conocí otro caso similar, aunque con una diferencia interesante.
Esta mujer trabajaba en las oficinas de un centro comercial. No ganaba demasiado, no tenía un gran sueldo como en los ejemplos anteriores, simplemente conseguía lo suficiente para ir tirando a duras penas. Necesitaba el trabajo, necesitaba comprar comida y poder pagar un techo bajo el que dormir, pero un día se dio cuenta de que nunca veía amanecer ni anochecer. En su oficina no había ventanas, todo era luz artificial, y nunca sabía si fuera estaría nublado, lloviendo o haciendo sol. Esta mujer se rebeló y dijo basta. No le fue fácil, pero al final consiguió buscarse otro empleo que le dejaba algo más de tiempo libre y le permitía ver la luz del sol.
Son ejemplos reales tomados de la sociedad actual en la que vivimos.
Haríamos bien en reflexionar sobre nuestra relación con el trabajo, es decir, como nuestra fuente de ingresos. ¿Nos hemos dejado atrapar por nuestros trabajos? ¿Tenemos claro el trabajo es un simple medio de vida, que no es un fin en sí mismo?
Por otra parte, hay un tipo especial de personas que sí viven completamente obsesionadas con el dinero: las corporaciones. ¿Qué es una corporación? Legalmente son personas jurídicas; en realidad son despiadadas máquinas de hacer dinero.
Las corporaciones son el fundamento del moderno sistema económico esclavista. El mundo está diseñado hoy para la libre competencia, es decir, está diseñado para que las corporaciones hagan sus negocios. El mundo ya no se divide en países.
Ahora, los países son solo medios para controlar a las personas. Si vives en algún país subdesarrollado, las fronteras sirven para que no vengas a incordiar al primer mundo. Ellos quieren que te mueras de hambre, pero que lo hagas en tu país, oculto para los trabajadores esclavos del primer mundo, no vaya a ser que nos dé un arrebato de conciencia. Además, ellos no quieren que vengas a aprovecharte de las ayudas sociales, esas ayudas están pensadas para mantener la capacidad productiva de los obreros, no para compartirla con un excedente de la población mundial.
Así que hay fronteras para las personas, pero no para las corporaciones. Para ellos existe el libre mercado, una frontera se entiende como el mayor pecado contra el Dios de la libre competencia. No vaya a ser que un país decida ser autosuficiente y no entrar en la rueda. No vaya ser que un país no le encuentre sentido a tirar miles de litros de leche o miles de kilos de vegetales con los que se podría alimentar a la gente que muere de hambre y está encerrada en sus fronteras.
Como bien se explica en la película Network (Sidney Lumet, 1976): «Eres un viejo que piensa en términos de naciones y pueblos. Las naciones no existen, ni los pueblos. Ni los rusos, ni los árabes. El tercer mundo no existe. Occidente no existe. Solo existe un sistema holístico de sistemas. Un vasto, enorme, entrelazado,  interrelacionado, multivariado y multinacional dominio de dólares. Petrodólares, electrodólares, multidólares. Marcos, yenes, rublos, libras y shekels. Es el sistema monetario internacional que determina la vida de este planeta. Es el orden natural de las cosas hoy en día. Es la estructura atómica, subatómica y galáctica actual de las cosas».

Los responsables del documental (de izquierda a derecha): Mark Achbar, Joel Bakan, y Jennifer Abbott.

Hay un documental muy interesante titulado “Corporaciones: ¿instituciones o psicópatas?” (Mark Achbar y Jennifer Abbott, 2003) que analiza la personalidad de las corporaciones y llega a la conclusión de que en realidad son psicópatas. Los rasgos que definen a una corporación son:

• Despiadada desconsideración por los sentimientos de los otros.
• Incapacidad para mantener relaciones prolongadas.
• Despreocupación imprudente por la seguridad de otros.
• Falsedad: mentir y engañar repetidamente a otros para lucrarse.
• Incapacidad de sentir culpa.
• Incapacidad de acatar las normas sociales y los límites legales de
conducta.
Párate a pensarlo un segundo. El mundo está diseñado a favor de las corporaciones. Todo gira en torno al sistema capitalista de libre mercado. Es decir, el mundo está diseñado a favor de psicópatas despiadados cuyo único interés es hacer dinero.

Aterrador, ¿verdad?

Autor: B. Carral

Lee también:

Sexualidad Neurótica Masculina, por Carlos Ríos (PDF)

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Written by Mino

03/04/2010 a 00:54

3 comentarios

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  1. Que blog más bueno!!

    Un fuerte abrazo, MINÍN!!
    y a otro a Ben, que también he leído lo que escribe y respeto mucho su opinión!

    Genial contenido, me ha gustado mucho. Sobre todo un pequeño vídeo sobre un tío majísimo que vive en unas islas de por allá lejos, en el Caribe! Islas Cocodrilo, lagartija, o algo así… Quizás hasta pudieran llamarse caimán ahora… vete tú a saber! :p

    Abrazos,

    Edu’Soft

    Edu'Soft

    05/04/2010 at 09:59

  2. […] This post was mentioned on Twitter by carlos . carlos said: sexualidad neurótica : "Cuanto más convirtamos la sexualidad en finalidad, tanto más difícil será que la alcancemos.." http://bit.ly/didxFB […]

  3. this a imposibble

    marta

    10/06/2010 at 10:17


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