El Blog de Minín

Opinion alternativa

La causa del problema

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Otro extracto del libro “Jagat Dharma: El Manual del Mundo” en primicia para este blog por cortesía de Ben:

En la primera parte del libro hemos hablado de las estrategias más habituales que seguimos los seres humanos para intentar ser felices: Sexo sin compromiso, relaciones superficiales, entretenimientos, trabajos, causas…, y hemos visto que ninguna de ellas funciona. No es de extrañar entonces que el 92,50% de las personas reconozcan que se sienten insatisfechas con sus vidas, y que el grado de satisfacción medio sea el 38%. ¿Por qué sucede esto? Básicamente porque no sabemos quiénes somos ni lo que queremos en realidad.

  • Si no sabemos quiénes somos, no sabemos lo que queremos.
  • Si no sabemos lo que queremos, no sabemos qué hacer.
  • Y si no sabemos qué hacer, haremos lo que otros nos digan.

En nuestra sociedad, esto significa que somos víctimas del conformismo, que hacemos lo que hacen los demás. Y lo que todo el mundo hace es lo que quieren los esclavizadores. La oligarquía financiera que realmente dirige el mundo nos impone desde niños una ideología esclavizadora. Los grandes banqueros y empresarios utilizan el sistema educativo, la publicidad y los medios de comunicación para decirnos cómo actuar, cómo pensar y sentir, cómo buscar la felicidad. Pero no lo hacen en nuestro beneficio, sino en el suyo propio.

En nuestra sociedad actual, el poder de los esclavizadores reside en el sistema capitalista. Y a su vez, el sistema capitalista depende de personas insatisfechas que busquen la felicidad a través del consumismo.

Si los seres humanos fuéramos felices, no buscaríamos la felicidad consumiendo productos y servicios que en realidad no necesitamos y son dañinos. Tendríamos más tiempo libre y energía para cuestionarnos las cosas e intentar mejorarlas. Si aprendiéramos a vernos como seres humanos únicos e irrepetibles en vez de cómo simples medios para conseguir nuestros estúpidos fines, podríamos unirnos y no dejar que nos pisoteen. Podríamos trabajar juntos por hacer del mundo un lugar mejor.
Casi todos nos damos cuenta de que el modo de vida actual no nos hace felices, al contrario. Pero la mayoría no sabe cuál podría ser el camino a seguir. De hecho, muchas personas piensan que, si bien el capitalismo es defectuoso, es el mejor de los sistemas posibles, o incluso que es inevitable. Eso es lo que los grandes banqueros y empresarios nos han contado desde niños, y les hemos creído.
Por tanto, si queremos ser felices de verdad necesitamos dejar de prestar atención a esa voz que nos han impuesto, que nos imponen a diario a través de sus máquinas de propaganda. Debemos empezar a escuchar la voz de nuestro interior, de nuestra naturaleza innata. Debemos empezar a pensar y sentir por nosotros mismos. Así sabremos quiénes somos en realidad y lo que realmente queremos. Y con esta realización también llegaremos a descubrir qué necesitamos hacer para ser felices y hacer que las cosas funcionen. No hay otra opción.
En lo más profundo de nuestro interior, todos sabemos que no está bien seguir la voz de los esclavizadores, que no es bueno seguir a la masa. Como hace poco escuché decir a una mujer en la calle: «Ir detrás de otros como becerrinos no es bueno». Así que el impulso necesario para cambiar las cosas está ahí, siempre ha estado, y siempre estará.
Lo que ocurre es que la voz de nuestra conciencia está debilitada. Nos han adormecido, tratan de anestesiarnos y distraernos a toda costa para que no le prestemos atención. Muchas personas no son conscientes de que, en realidad, las decisiones que toman no son suyas, sino que se limitan a seguir a esa voz esclavizadora que han implantado en sus mentes. Otras personas sí se dan cuenta de que hacen cosas que en el fondo no quieren hacer, pero como las hace todo el mundo, no encuentran la fuerza necesaria para actuar de otro modo. Esto ocurre porque no saben quiénes son ni qué quieren realmente. Todo el sistema está diseñado para confundirnos, para engañarnos, para hacernos creer que queremos unas cosas cuando en verdad queremos otras.
Nadie nos enseña a mirar hacia dentro. Al revés, se nos enseña a mirar hacia fuera, se nos enseña a buscar la felicidad en las cosas exteriores, en el consumismo.
Los amos del mundo tampoco quieren que miremos en el interior de otras personas. Así que nos enseñan a cosificarnos los unos a los otros. A las mujeres se les enseña que deben ser jóvenes, delgadas y sexys para ser felices. Y a los hombres se nos enseña que debemos cazar a las mujeres, que la felicidad reside en tener sexo con ellas. No importa su personalidad, eso es secundario, lo importante es que sean jóvenes, delgadas y sexys. Esto crea desconfianza entre los sexos. Dos sexos que en realidad son complementarios, se ven ahora como enemigos.
Tampoco se nos anima a profundizar en nuestras relaciones con personas del mismo sexo, al contrario. Se nos enseña a vernos como simples medios para lograr nuestros objetivos, no como seres humanos únicos e irrepetibles con sus propias ideas, sentimientos, valores y formas de ser en el mundo. Así que pasamos el tiempo anestesiándonos mutuamente, hablando de tonterías y llamándonos cuando necesitamos algún favor, ya sea, sexo, un poco de compañía, entretenimiento, que nos arreglen el calentador u otras cosas por el estilo.
Además del sexo sin compromiso y las relaciones superficiales, los grandes banqueros y empresarios nos animan a todos a buscar la felicidad en el trabajo, en las distintas causas, en las diversiones adormecedoras, en el estatus, en la fama… Nos enseñan a mirar en todas las direcciones, excepto en la única que importa: hacia dentro.
¿Por qué no quieren que miremos en nuestro interior? ¿Cuál es ese secreto que tratan de ocultarnos? ¿Qué es eso tan peligroso que podríamos llegar a descubrir? ¿Qué es lo que temen?

“Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Mateo 6-24

La modestia en el vestir

[…]

“Cuarto hecho evidente: A los hombres nos educan desde niños a ver a las mujeres como objetos sexuales, y cuando vemos un cuerpo de mujer, nos excitamos fácilmente, especialmente si es el tipo de cuerpo que nos impone la propaganda esclavista: joven, delgado y sexy.
Algunas mujeres tienen dificultades para comprender este hecho que resulta evidente para todos los hombres. Como dice Gila Manolson:

Las mujeres tenemos problemas para creer que los cuerpos distraen tanto. «Cuando me encuentro con un hombre», insistió una mujer en una de mis clases, «lo primero que veo es su personalidad.»
Me volví a los hombres que había en el aula. «Chicos, cuando os encontráis con una chica, ¿qué es lo primero que veis?» Silencio y sonrisas de culpabilidad. El hecho es que ningún hombre ve a una mujer en la calle y piensa: «Su personalidad es alucinante».

Cuanto más destaquéis vuestro cuerpo, más fácil resulta que otros lo confundan, de manera inconsciente, con vuestro yo real.
“Hace poco visité un sitio web de anuncios personales. Una mujer que buscaba una relación estable con un hombre escribió: «Quiero que sepan que no voy de sexo»; sin embargo, en su fotografía se presentaba con un escote que dejaba ver buena parte de sus voluminosos pechos. Todos los hombres a los que he enseñado el anuncio no han dudado en responder que les parecía un reclamo sexual. Así que, sin importar las verdaderas intenciones de la mujer, los hombres leían sus palabras: «No voy de sexo», pero se quedaban con el mensaje de su apariencia, que decía justo lo contrario. Desde luego, si esta mujer quería que los hombres supiéramos que no va de sexo, se equivocó al transmitir su mensaje.
“Quinto hecho evidente: La ropa sirve para reflejar y reforzar nuestra imagen personal. Esta mañana salí a dar un paseo para despejar, estirar las piernas y tomar un poco el aire antes de ponerme a escribir. Cuando volvía a casa me encontré con un vecino en el portal. Este vecino suele vestir de traje y llevar el pelo engominado, pero hoy llevaba ropa informal y no se había echado gomina. Le dije: «¡Vaya cambio!, hoy no vas de traje». Y me respondió: «Solo faltaba que me tuviera que disfrazar también los domingos». «Así que, ¿te sientes más tú con esta ropa?» «¡Claro!»
Estos cinco hechos evidentes nos pueden ayudar a comprender la práctica de la modestia en el vestir.”

ENLACES:

Escuela Zen de la Unión Sagrada

No apto para ignorantes/Cristo y la serpiente

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Written by Mino

23/03/2010 a 00:28

Publicado en Sociedad

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