El Blog de Minín

Opinion alternativa

Pateando la frustración

leave a comment »


Extraído del libro “Jagat Dharma: El Manual del Mundo“:

Pateando la frustración
Como hemos visto al hablar del aburrimiento, todos los seres humanos por naturaleza queremos hacer algo, es decir, estamos llamados a la acción, ya sea plantar un huerto, pensar una nueva idea o construir una relación significativa.
Todos los ejemplos que acabamos de dar son de acciones positivas, pero desgraciadamente no siempre es el caso. Como hemos visto, muchas personas renuncian a la acción constructiva y recurren a la simple distracción para calmar el aburrimiento resultante; bien podríamos hablar de acción improductiva.
Es menos trabajoso ver la televisión que cultivar un huerto y, como estamos educados en la cultura de la comodidad y consumimos nuestra energía en un trabajo alienante que a duras penas nos permite llegar a fin de mes, machacándonos en el gimnasio para tener un cuerpo de anuncio o en otras cosas por el estilo, no necesitamos que nos animen mucho para renunciar a la acción constructiva y contentarnos con simples entretenimientos, sin ser conscientes de los destructivos que son en realidad.
Otras personas, en cambio, recurren a la destrucción. Por ejemplo, se habla mucho del vandalismo juvenil. Nos sorprende que, sin motivo aparente, un joven decida de pronto pegarle una patada a una papelera o rayar un coche aparcado en la calle. Pero en muchos casos se trata de una respuesta a la frustración que resulta de la acción improductiva.
La destructividad es una orientación vital. Por ejemplo, si una persona de carácter destructivo es incapaz de vivir la sexualidad como la celebración del amor entre una pareja comprometida, recurrirá a una sexualidad destructiva. Si es incapaz de establecer una relación basada en el cuidado y en el respeto, lo hará de manera negativa. O si es incapaz de entender el verdadero sentido de la vida, perseguirá sentidos insanos.
En palabras de Erich Fromm:
“El individuo que no puede crear quiere destruir. Creando y destruyendo, trasciende su papel como mera criatura. Camus expresó sucintamente esta idea cuando hace decir a Calígula: «Vivo, mato, ejercito la arrobadora capacidad de destruir, comparado con la cual el poder de un creador es el más simple juego de niños». Esta es la violencia del inválido, de los individuos a quienes la vida negó la capacidad de expresar positivamente sus potencias específicamente humanas. Necesitan destruir precisamente porque son humanos, ya que ser humano es trascender el mero estado de cosa.


Y dado que los grandes banqueros y empresarios que gobiernan el mundo han diseñado nuestra sociedad para convertirnos en dóciles esclavos que se limitan a realizar el trabajo asignado sin cuestionar el sistema, es decir, cuando utilizan todo su poder para que seamos tan poco constructivos como sea posible, lo más lógico es que vivamos rodeados de violencia.
Cuando nos enseñan a valorarnos de manera superficial y a vernos unos a otros como simples objetos, ¿es de extrañar, por ejemplo, el triste fenómeno de la violencia doméstica?
Para ilustrar lo anterior, voy a compartir con vosotros una historia de mi vida.

Hace unos años, debido a que no veía las cosas con la claridad necesaria, fui soldado profesional en un grupo de operaciones especiales. Lo cierto es que no trabajé mucho tiempo como soldado, pues me lesioné al poco de llegar y el resto del contrato lo pasé recuperándome; mi inconsciente, mucho más sabio en este asunto que mi yo consciente, me hizo lesionarme para no participar de tanto sinsentido. El caso es que estar dentro de aquel grupo, aunque fuera de
manera limitada, me permitió observar comportamientos de lo más interesantes.
Por ejemplo, había un cabo, es decir, un mando de la graduación más baja, que se creía una especie de dios y disfrutaba torturando a los soldados. No desaprovechaba ocasión para castigarles o atosigarles; realmente disfrutaba con ello. Este cabo era el paradigma de la persona impotente. Desconozco su vida sexual, así que, aunque me la imagine, no puedo hablar de ella, pero resultaba evidente que su vida estaba vacía. No hacía absolutamente nada de provecho. No tenía compañera ni amistades. No tenía más meta en la vida que subir de graduación. Y, a su vez, él mismo sufría el acoso de sus mandos superiores. (Los miembros de aquel grupo eran en su gran mayoría personas improductivas que recurrían al entretenimiento, a la  destructividad o a una mezcla de ambas estrategias para calmar su frustración vital.) Así las cosas, no es de extrañar que aquel ser humano fallido, aquel cabo incapaz de hacer nada constructivo, empleara la destructividad como vía de escape.
Esta historia real puede enseñarnos muchas cosas sobre el ansia de poder y la violencia compensadora.
Me gustaría que nos centráramos ahora en la sexualidad destructiva y para ello comenzaremos citando a Fromm una vez más:
Estrechamente relacionado con la violencia compensadora está el impulso hacia el control completo y absoluto de un ser vivo, animal u hombre. […] El placer del dominio completo sobre otra persona (o sobre otra criatura animada) es la esencia misma del impulso sádico. Otra manera de formular la misma idea es decir que el fin del sadismo es convertir un hombre en cosa, algo animado en inanimado, ya que mediante el control completo y absoluto el vivir pierde una cualidad de la vida: la libertad.


Pues bien, cuando hablamos de la sexualidad neurótica, vimos que se basa en la cosificación. Cuando lo que nos interesa es el mero acto sexual, no vemos a la otra persona como un ser humano único e irrepetible con sus sentimientos, ideas y valores. La vemos como un cuerpo más o menos atractivo capaz de proporcionarnos placer sexual, como un consolador viviente, como un simple trozo de carne. Utilizando las palabras de Fromm, lo que hacemos es «convertir un hombre en cosa».
A la vista de lo anterior, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que la sexualidad neurótica que caracteriza nuestra sociedad, con la que los gobernantes nos bombardean día y noche, es una sexualidad sádica que sirve como para compensar la frustración que resulta de no vivir de manera constructiva.
Y esto nos lleva a otra verdad inquietante.
La oligarquía financiera —que tiene a un montón de psiquiatras, psicólogos y analistas sociales trabajando para ella— sabe  perfectamente que, a pesar de la narcotizante industria del entretenimiento, el modo de vida improductivo que nos imponen para mantener el statu quo da lugar a conductas destructivas. Y
como la violencia compensadora es una fuente de inestabilidad, y de lo que se trata es de que los esclavos podamos seguir produciendo sin mayores contratiempos, utilizan la sexualidad neurótica como vía de escape. En otras palabras, si no nos adoctrinaran en la sexualidad sádica que nos impide realizar el verdadero sentido de nuestra vida, la cárcel invisible en la que vivimos estallaría en llamas.
Quizá penséis que exagero, pero estaríais equivocados. Curiosamente, hace unos días se ha publicado una esclarecedora noticia en la edición digital de TheScientist, uno de los brazos mediáticos de los esclavizadores. La cabecera dice: «Porn: Good for us?» [El porno, ¿bueno para nosotros?], y el sumario dice: «El examen científico de la materia ha descubierto que según aumenta el uso del porno, disminuye la tasa de crímenes sexuales», tranquilamente
podrían haberse ahorrado lo de «sexuales» y decir simplemente: «Los
científicos han descubiertos que cuanto más porno, menos crímenes».
¡Vaya!, no solo reconocen abiertamente que la sexualidad neurótica ayuda a contrarrestar la violencia compensadora, sino que ¡nos venden este hecho para convencernos aún más de las virtudes de la sexualidad cosificadora! Qué buen ejemplo de manipulación esclavista.
Pero alejémonos de las perversas maquinaciones de los grandes banqueros y terminemos citando a Viktor Emil Frankl:
De todo esto se desprende claramente que no está en modo alguno
justificado ensalzar fenómenos de masas tales como la promiscuidad y la pornografía, o considerarlos progresistas. Son regresivos, síntomas de retraso en la maduración sexual.

No hemos de olvidar que el mito del sexo, considerado como fuente de
placer y diversión, y asimismo como algo progresivo, es fomentado por gentes que saben que ello supone un buen negocio. Lo que me extraña es el hecho de que la nueva generación no solo consuma tal mito, sino que esté también ciega con respecto a la hipocresía que se oculta tras el mismo. En una época en la que se rechaza tanto la hipocresía en cuestiones sexuales, resulta extraño que pase inadvertida la hipocresía de aquellos que preconizan una cierta libertad de toda censura. ¿Tan difícil es reconocer que lo que les interesa realmente es una libertad ilimitada para hacer negocio?
No puede haber negocio con éxito a no ser que exista una sustancial
demanda que el correspondiente negocio satisface. En nuestra cultura actual somos testigos de lo que puede designarse como inflación del sexo. Esto tan solo se comprende si tenemos en cuenta el amplio trasfondo del vacío existencial y el hecho de que el hombre, no movido ya por impulsos e instintos que ha de satisfacer o por tradiciones y valores a los que debe someterse, no sabe ahora, con frecuencia, lo que desea hacer. En el vacío existencial resultante de semejante estado de cosas, la libido sexual se hipertrofia y es esta hipertrofia la que da lugar a la inflación del sexo. Al igual que cualquier otra clase de inflación —por ejemplo, la que se da en el mercado monetario—
la sexual va asociada a una devaluación; el sexo es devaluado en la misma medida en que es deshumanizado. Observamos así la tendencia a vivir una vida sexual que no está integrada en la propia vida personal, sino que se halla orientada hacia el placer. Tal despersonalización del sexo es un síntoma de frustración existencial: la frustración de la búsqueda de sentido por parte del hombre.
Pero, claro, no esperéis que os enseñen nada de esto ni el cole ni en la tele, lo que os dirán es «cuanto más porno, menos crímenes».

Anuncios

Written by Mino

21/03/2010 a 01:56

Publicado en Opinión

Tagged with , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: